El Trabajo de mis Sueños (My Salinger Year, 2020) Cine y literatura
Aunque jamás la reemplazará, ni tampoco lo intenta, el cine puede apoyar a la literatura, como en esta película de 2020 que pasó prácticamente desapercibida.

EL TRABAJO DE MIS SUEÑOS (My Salinger Year, 2020), del director canadiense Philippe Falardeau, disponible en Netflix; una producción de lo que suele denominarse “cine independiente”, con limitado alcance, poco presupuesto y menos promoción, como tantas veces sucede con las cosas de calidad. Nada nuevo, pues, aunque sí fue escogida para abrir el Festival de Cine Internacional de Berlín de ese año.
La película está basada en una novela del mismo nombre escrita en 2014 por Joanna Rakoff, en la que cuenta su paso como auxiliar en una agencia literaria en Nueva York que representaba nada menos que a J. D. Salinger, autor de The Catcher in the Rye (El guardián entre el centeno), su única novela (1951), que marcó toda una época en la literatura moderna y ha servido de inspiración para incontables rebeldes imaginarios (lleva vendidos más de 65 millones de ejemplares). Salinger vivió decenas de años como virtual recluso y tan sólo aparecía de incógnito en pocas ocasiones, hasta su muerte en 2010 a los 91 años de edad.
…me imagino a muchos niños pequeños jugando en un gran campo de centeno y todo. Miles de niños sin nadie más —nadie grande, digo—, excepto yo. Y yo estoy al borde de un extraño precipicio.
Una joven y encantadora actriz interpreta a la aspirante a escritora que entra a trabajar como ayudante a una agencia un tanto anticuada en la que su demandante jefa se rehúsa a emplear computadoras, no obstante estar ya en 1995, y tiene como tarea inicial revisar los cientos de cartas que llegan para Salinger, destruyéndolas todas y contestando algunas en forma oficial indicando que el autor no recibe ni lee correspondencia de nadie.
“El trabajo de un agente es abrir oportunidades para sus clientes pero, cuando se trataba de Salinger, la lógica era la inversa. Teníamos que protegerlo del mundo exterior, reforzando su reputación como un recluso complicado”, cuenta la narradora entre algunas de las peripecias de la película, mientras paulatinamente sus dudas y su vida personal se van combinando con lo que llamo lenguaje de cine: la artística mezcla entre imagen, ensueño, diálogos ficticios, sonido y color, para luego de como una hora entrar de lleno en esa íntima poesía visual que en una mágica escena me recordó aquella espontánea, inesperada y extraordinaria fantasía de baile que el enorme director Terry Gilliam nos regalara en THE FISHER KING (1991); han transcurrido unos 30 años y no la olvido.
Aquí, la joven actriz Margaret Qualley se enfrenta con su exigente jefa, interpretada por la consagrada Sigourney Weaver, y la trama se va alejando un tanto de la figura del escritor Salinger para internarse en los caminos que tomará la novel poeta, con lo que la obra se acerca al cine que explora las relaciones entre la vida, la literatura y las esperanzas personales, al estilo de magníficas películas que tampoco fueron grandes éxitos, como AMOR Y LETRAS (Liberal Arts) de Josh Radnor (2012); GARDEN STATE de Zach Braff (2004), o (500) DÍAS SIN ELLA ((500) Days of Summer), de Marc Webb (2009), esta última con una igualmente joven y encantadora actriz, Zooey Deschanel.
Sigourney Weaver
Sigourney Weaver, entre paréntesis, se hizo famosa con ALIEN (1979), de Ridley Scott, quien en 1982 filmaría su obra maestra, BLADE RUNNER, y también participó en la impactante EL AÑO QUE VIVIMOS EN PELIGRO, de Peter Weir (1982), que ocurre entre los sucesos del golpe de estado contra el presidente Sukarno de Indonesia en 1965. Por su parte, Philippe Falardeau también dirigió la muy interesante LA BUENA MENTIRA (2014), que narra la llegada a Estados Unidos de unos refugiados de la guerra civil de Sudán, con Reese Witherspoon como excelente protagonista (sí, la misma de aquella fina y divertida película que en el año 2001 le dio fama, LEGALMENTE RUBIA, dirigida por el australiano Robert Luketic).
En My Salinger Year, la imagen de esa inocente y femenina aprendiz es un bello ejemplo de cómo el cine y la literatura pueden combinarse para beneficio mutuo… y nuestro.


